¿Qué
es el estrés postraumático?
Cuando una persona ha vivido o presenciado un acontecimiento en el que
su vida, su integridad física o psicológica se han visto
seriamente amenazadas, decimos que ha sufrido una experiencia traumática.
Este tipo de vivencia sacude los cimientos de lo que la persona cree
que es seguro, y en qué o en quién puede confiar. Puede
tratarse de una catástrofe natural, un accidente o un desastre
provocado por el hombre. Inundaciones, incendios, terremotos, accidentes
de tráfico, asaltos, violaciones, abusos y malos tratos infantiles,
atentados, tiroteos, torturas, secuestros, ser tomado como rehén,
combates en el frente de guerra, encarcelamiento como prisionero de guerra
o internamiento en campos de concentración, son experiencias tan
alejadas de lo cualquier persona espera que le ocurra que provocan reacciones
perturbadoras para las que no se está preparado pero que, en el
fondo, son reacciones NORMALES a sucesos ANORMALES.
Desde la psicología, los síntomas que surgen a partir
de la experiencia traumática se agrupan en lo que se llama trastorno
por estrés postraumático. Sin embargo, no todas las personas
reaccionan de igual manera ante un acontecimiento traumático:
algunas reaccionan inmediatamente, mientras que en otras la respuesta
se retrasa meses e incluso años. Se estima que, aproximadamente,
un 75% de las personas quedan en estado de shock durante varios minutos,
muestran síntomas que pueden durar varios días, y para
un 15%-20% los síntomas permanecen entre 2-4 semanas. .
Como
respuesta al trauma, la persona puede experimentar cambios
en sus sentimientos, pensamientos y forma de comportarse,
tales como miedo y ansiedad provocados por situaciones
que recuerdan al suceso (aunque a veces parecen venidos
de la nada); pensamientos, recuerdos e imágenes
muy vívidos que pueden hacer sentir a la persona
que el suceso está ocurriendo de nuevo; pesadillas,
inquietud, irritabilidad, sobresaltos, problemas para concentrarse,
para dormir, etc. La persona, además, evita no sólo
pensar en lo ocurrido sino también cualquier cosa
que le pueda recordar lo ocurrido; la evitación
puede ser tan intensa que incluso la persona se siente
como embotada, incapaz de sentir emociones. Muchas personas
se sienten enfadadas, culpables e incluso avergonzadas
por lo que ocurrió o por cosas que hicieron o no
hicieron para sobrevivir, y estos sentimientos pueden provocar
sentimientos de depresión, desánimo, desesperanza,
etc. Es frecuente pensar que el mundo es peligroso y que
no hay que confiar en los demás, así como
empezar a tener una idea muy negativa acerca de uno mismo.
Algunas personas creen que estas reacciones significan que van a "volverse
locas" o a "perder el control", que son "débiles" o "indignas",
o que "se lo merecían". Sin embargo, como hemos señalado
antes, son respuestas NORMALES a sucesos ANORMALES. Esto no significa
que haya que sentarse a esperar a que los síntomas desaparezcan
por sí solos. Cuando la reacción es muy intensa y está causando
un serio malestar a la persona o está interfiriendo en su vida,
puede facilitarse el proceso de asimilar la experiencia y reducir los
síntomas mediante el tratamiento psicológico adecuado.
Puede ser que estés leyendo estas líneas porque te identificas
con las descripciones que se han ofrecido del problema. Las preguntas
del cuestionario sondean la presencia de algunos de sus aspectos característicos,
teniendo en cuenta que no sustituyen al proceso de evaluación
que se lleva a cabo para establecer un diagnóstico clínico,
pero suponen un primer acercamiento y una exploración preliminar
del mismo.
Si, además sientes un malestar importante o alguna
de las áreas de tu vida (ocio, laboral, académica,
familiar, etc.) se ha visto perjudicada por este tema,
es posible que el problema te esté afectando. Pero,
recuerda: esto es sólo una aproximación al
proceso de evaluación necesario antes de aplicar
cualquier tratamiento. Si crees que presentas este problema,
acude a un profesional que te asesorará para que
puedas decidir si quieres recibir tratamiento.